Ya lo tenemos aquí. Ha costado una barbaridad porque las ideas de diseño pueden ser maravillosas, pero necesitamos que técnicamente puedan llevarse a la realidad. En este caso, la impresión en 3D necesitaba de un programa conversor para definir los colores pues en nuestro archivo 3D no aparecían. No desistir ni darse por vencido ha sido lo que, finalmente, nos permite tener los botones en nuestras manos. Gracias @tr3denou y a mi marido, Isidro Gómez, porque sin su trabajo técnico y su empeño, mis sueños plasmados en el Illustrator se hubiesen quedado ahí; durmiendo en un archivo digital.


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